El suicidio entre los adolescentes de Estados Unidos ha tenido un aumento dramático en los años recientes. Es la tercera causa de muerte más frecuente para los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, y la sexta causa de muerte para los de entre cinco y 14 años.
Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan que si el joven presente uno o más de estos síntomas, los padres tienen que hablar con ellos sobre su preocupación y deben buscar ayuda profesional.
* Cambios en los hábitos de dormir y de comer.
* Retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales.
* Actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa.
* Uso de drogas o alcohol.
* Abandono poco usual en su apariencia.
* Cambios pronunciados en su personalidad.
* Aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar.
* Quejas frecuentes de dolores físicos tales como dolores de cabeza, de estomago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven.
* Pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones.
* Poca tolerancia a los elogios o los premios.
* quejarse de ser “malo” o de sentirse “abominable”.
* Lanzar indirectas como: “no les seguiré siendo un problema”, “nada me importa”, “para qué molestarse” o “no te veré otra vez”.
* Poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes.
* ponerse muy contento después de un periodo de depresión.
Si el niño o adolescente dice: “me quiero morir” o “me voy a matar”, tómelo muy enserio y llévelo a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación. A la gente no le gusta hablar de la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no es “ponerle ideas en la cabeza”, al contrario.
Fuente:
Revista QUO de Abril.
jueves, 15 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario